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Angel del Campo

Ángel de Campo

 

Índice

 

Biografía

 

Crónicas y comentarios

 

La zoomanía 

 

Literatura colorada

 

Recuerdos del maestro

 

Prosa Pequeña

Biografia

Nació en la Ciudad de México el 9 de julio de 1868, vivió la mayor parte de su vida en dicha ciudad, a la cual dedicó muchos de sus escritos. Estudia en la Escuela Nacional Preparatoria, en donde tiene como maestro a Ignacio Manuel Altamirano; además de que allí conoce a otros escritores como Luis G. Urbina,  Ezequiel A. Chávez, Luis González Obregón,  entre otros.

 

Pierde a su padre a corta edad y después a su madre en 1890, por tal motivo, abandona la Escuela Nacional de Medicina para hacerse cargo de sus hermanos menores. Al abandonar la universidad comienza a trabajar en la Secretaría de Hacienda.

 

Como periodista colaboró en El Liceo Mexicano (1885-1992), El Partido Liberal (1890-1892), El Mundo Ilustrado (1896-1906), El nacional (1890-1892) y para El Imparcial (1900-1908). También escribió para la Revista Azul (1894-1896). De todas sus publicaciones periódicas se reunieron tres libros en vida del autor: Ocios y apuntes (1890), Cosas vistas (1894) y Cartones (1897). Entre los seudónimos que utilizó los más famosos son Micrós y Tick-Tack, aunque igualmente firma como Pecuchet.

 

Para el periódico El nacional empieza a escribir La Rumba, como una novela de folletín. La cual no se publicó completa en vida del autor, sino hasta 1958 por la editorial Porrúa que decide recopilarla de las publicaciones de El Nacional. Muere, víctima de tifo el 8 de febrero de 1908 a los cuarenta años.

 

Ángel de Campo es estudiado generalmente como escritor realista, por el modo en que relata con detalle, haciendo de la minuciosidad su arma para escribir. A pesar de esto, puede considerarse parte del modernismo por colaborar en la Revista Azul de Manuel Gutiérrez Nájera. El trato frecuente que tuvo con los modernistas hizo que sus escritos tuvieran contagio estilístico y temático del modernismo. 

Com Zoomania

Comentario a "La zoomanía"

 

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La crónica “La zoomanía” de Ángel de Campo, fue escogida porque es un buen ejemplo de las críticas a la sociedad que solía hacer De Campo en sus crónicas. Esta crónica se publicó en el periódico El Universal, el 11 de enero de 1896, bajo el seudónimo de Kinetoscopio.

 

En este texto, lo que critica es la zoomanía en México, desde el comienzo se observa su característica ironía: “al decir animales, no me refiero a los imbéciles que a las veces lo son todos, sino a los irracionales”. Y no es la única, sino que seguirá ironizando a cada oportunidad que se le presenta.

 

Al leer a Ángel de Campo se tiene la sensación de estar escuchando una conversación cotidiana, ya que su prosa es muy fluida, además de que usa el léxico cotidiano. En esta crónica por ejemplo se encuentran palabras como: vecindades, rebozos, chiquillo, estanquillo, entre otras. Toda esta inclusión de léxico cotidiano, parece tener el fin de crear confianza con el lector, pues al escribir en el periódico, era necesario construir empatía, para que se siguiese consumiendo el periódico y sobre todo la columna del autor.

 

Las descripciones que hace también aluden a la cotidianidad de México, citando la la cantidad de animales (mascotas) que poseen los habitantes. Los lugares que enumera son varios, tales como las calles, donde se pasea a una infinidad de perros. También están las vecindades, las casas de los ricos y los estanquillos. Las mascotas que apunta el autor son los perros,  gatos, aves, borregos, loros, conejos, gallinas etc.

 

Zoomania

 

La zoomanía

 

Una familia en México puede dividirse en dos categorías, las gentes y los animales, al decir animales, no me refie­ro a los imbéciles que a las veces lo son todos. Sino a los irracionales, al perro, al gato, a las aves de corral y de jaula. el borrego, el loro y los conejos.

 

La zoomania si vale el término es general y demuestra que la palabra miseria es afortunadamente relativa en nuestro país, una vez que el haber doméstico alcanza para el agregado o a éste se alimenta de deshechos, no hay mendigo que se los dispute.

 

Los animales son más afortunados que muchas gentes, ved si no a , cualquiera hora, no importa en qué calle, y en el arroyo forman pare­i.r. grupo de lanceros, corrillos animados, los canes grandes y chicos. desnudos y de pelo corto, orejones y mochos, de trecho en trecho un ga­llo amarrado de la diestra, dos gallinas pasteando a su prole y se oirá -ulir del fondo ele un cuartucho el balido de un borrego, mientras que tkl balcón de un entresuelo lanza el loro su mala palabra, y en el pa­lio ele una vecindad hacen górgoros los guajolotes y en esa barahuncla. l·on paso de tigre, discreto, cauteloso, coqueto, con la cola en forma dL· gancho, se desliza el gato, frunciendo los párpados.

 

.Se tiene perro porque es preciso tenerlo; las señoras no pueden pa­s.irsela sin él, venga de donde viniere, porque se metió de la calle mo­viendo la cola, hizo fiestas al señor, jugó al toro con el niño y he ahí al escuíncle de ojo malicioso ahíto de mendrugos en leche, pulpa fresca. terrones de azúcar y cuanto se encuentra en la despensa, lo bautizan. desde luego, porque la propaganda llega hasta esos seres en cuatro patas, lo envuelven en rebozos y lo cargan y arrullan como a un niño: lo llevan de falda en falda, le dan Jos primeros elementos de educa­ción privada enseñándole una maceta simbólica, y tornase en un nue­vo factor de la familia; si es grande se Je manda a Ja azotea, si es mediano se pasea en el corredor, si es chiquillo alcanza en consenti­miento y mimos de las damas que tienen especial debilidad por los "Bijon", "Lili", "Fly", "Turquesa", "Coral", "Zuzú" y otros pirrimplines de la raza que a fuerza de cariño se toman en sultancillos de los cojines y el sofá. Los pájaros les disputan esa hegemonía, y no hay vivienda por pobre que sea que no cuente con ese bohemio de las azoteas; ese mu­chacho malhablado de la calle, ese parrandero incorregible, ese muje­riego conturnás: el gorrión, y cuento con que me he callado al gato lustroso y obeso, de maneras abaciales, de caricias epidérmicas, rela­mido y afecto al mimo que se pone a hacer psicología en todas las blan­duras. Todos ellos comen, y hay, pues, que considerar una ecuación de superfluidad en todos los presupuestos caseros; la presencia de esos consumidores que no producen, significa que por mal que ande la casa alcanza para dos; que los irracionales mueren de viejos, por envene­namiento, atropello, asesinato preventivo, pero nunca de hambre. Por­que en las casas el animal es el consentido, como en la calle es la eterna víctima, díganlo si no las bestias de tiro, que suspiran por una libertad imposible y envidian al can de la carnicería, al gallo del afilador, al borrego del sastre, a los conejos del estanquillo, al loro del cura, a los guajolotes de la maicería, a las gallinas de la pensión, al gato de la se­dería y hasta a aquellos dichosos y reverendos felinos de las oficinas del gobierno, los micho jubilados, y aquellos otros, los de las redac­ciones de periódico, ¡qué tal andará la cosa donde los hay ... y duer­men en la caja fuerte, no sobre talegas y billetes, sino en mullido colchón de recortes!

 

 

Com Lietaratura

Comentario a "Literatura colorada"

 

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La crónica “Literatura colorada” fue publicada  el 11 de febrero de 1896 en El Universal. Como muchas otras de Ángel de Campo tiene carácter de denuncia.

 

En ella critica la exhibición de literatura poco “moral” en lugares públicos. Comienza una narración, hablando de sí mismo y excusándose de no ser un moralista. Incluye relatos al parecer vividos por él. 

 

Aquí usa un tono regañón, haciendo demasiadas aseveraciones delicadas a las personas.

Menciona la existencia de material con mujeres semidesnudas, además de hacer referencia por ejemplo a hetairas o hasta de Celestina. La acumulación de ejemplos es importante pues sirve al fin denunciante de esta crónica. En general esta denuncia podría verse también como un cuadro de costumbres, por lo que relata.

 

Literatura colorada

Literatura Colorada

 

Hace mucho tiempo que pasé de la edad de las virginidades, han transcurrido varios años desde que me abrieron los ojos y no cojeo de intransigente ni de timo­rato, pero sin ser un moralista ni un aspirante a la tonsura, comprendo que nos hacen falta algunas hojas de parra, un man ojito nada más de ese pseudo percal de los pudores.

 

Algo muy parecido pensaba poco ha oyendo las discusiones de dos niños de pantalón corto, cigarrillo vedado en la boca, y libro de mantilla bajo el brazo; estos hombres en sal leían y no muy de corrido los títulos v extractos de los libros viejos expuestos en un escaparate; todo el mundo los ve, y sin embargo no me atrevo a repetir los títulos entre los que campea­ban "La fisiología de la noche de bodas", "Secretos para hacerse amar".

 

Esa literatura al aire libre, puesta como un cebo a malsanas curiosi­dades; en folletos de carátula llamativa, para seducir ignorantes; está al alcance de todos los transeúntes; de los viejos y de las ancianas; del hombre del pueblo y de la excepcional maritornes que sepa leer, y so­bre todo, de los niños a quienes seduce -porque es tendencia huma­na la que arrastra a indagar lo sospechoso-- ese breve resumen que sigue a los títulos y donde hay palabras que por lo mismo que no se entienden, pero se presumen, son malas, han de cosquillear un cere­bro infantil hasta no conocerlas en su valor exacto.

 

En expendios de libros usados es donde el colegial busca baratas las obras de texto, y donde hojea, porque la tiene a la vista, esa rama enferma del saber humano; ahí encuentra la biblioteca de los retrué­canos que la hembra semi-desnuda e inmoralmente vestida y al cro­mo; ahí la novelita licenciosa hecha para ser leída en cantinas o en cuadras; ahí las aventuras de Faublas, que se exhiben con la misma fran­queza que un curso ele terapéutica o un manual ele! perfecto pastele­ro, y lo que llamaremos ciencia prostituida, esos tratados en que se describe, por el precio de una peseta o menos, algo que debiera dejar­se para una cátedra espinosa de la Escuela de Medicina.

 

No seré yo el salvaje que pretenda censurar las monografías utilísi­mas para el médico, que tienen los libreros en catálogo; lo que censu­ro como un ataque a la moral de la infancia, es ese comercio indigno ele los que ponen en tiernas manos perniciosas lecturas, que no tienen ni la atenuante de un buen estilo; esos libros, hetairas de las bibliote­cas; esos libracos, Celestinas de la infancia; esos folletos, que caldean antes de tiempo curiosidades que despertadas, empujan al irreflexivo al lupanar, a la imbecilidad o al hospital. .

 

Antes se vendían con mucho misterio, en los cafetines, a deshoras ele la noche; antes se escondían como arma prohibida y se iniciaba a los viciosos consuetudinarios solamente, en los secretos del surtido compuesto de ediciones espurias y fotografías indecentes; pero hoy que las invitaciones para una casa de juego, y la dirección de unas deCalatayud se reparten a las doce del día, como un programa ele teatro, la horda de cuadernillos se asoma a los escaparates como esas señoras en bata y despeinadas.

 

Discutimos mucho de instrucción pública, imprimimos la mar de re­flexiones, pero la infancia no nos preocupa sino dentro de la escuela; y yo entiendo que la moral no se enseña ni se aprende con textos so­lamente: una buena organización de policía, vestal ele las costumbres honradas; una represión ele los vicios callejeros; una severidad inflexi­ble con los violadores de la ley, enseñan más que cuatro planas apren­didas de memoria sin una sola falta. ¿De qué diablos, digo volviendo a mis muchachos, de qué les sirve echarse una lectura edificante en el colegio, si ya están hojeando ese libro y mirando, con temblor en las manos, con temblor en los labios, con temblor en el espíritu brutalmente fustigado, las láminas en traje paradisiaco ele ese tentador?, ¿cómo se llama? ¡Historia de la Prostitución de todos los pueblos, a través de to­das las edades! ¡Conocerán antes que a César y al Magno Alejandro a Elísea y Aspasia, con todos sus pelos y señales y costumbres!

 

Com Recuerdos

Comentario a "Recuerdos del Maestro"

 

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La crónica “Recuerdos del maestro” es una descripción de la visita a la casa de Ignacio Manuel Altamirano, por parte de sus discípulos.

 

Comienza con descripciones espaciales de la casa del maestro, pero predisponiendo que dicha casa tiene aire de tristeza o melancolía. El autor hace una mezcla de sensaciones pues describe, colores, música, además de las imágenes bellas. Tal parece que la crónica de la visita a la casa de Altamirano, fuera sólo un pretexto para hablar de él y de enumerar sus virtudes.

 

En la crónica se hace mención a objetos lujosos y preciosistas tales como mármol, cristal, porcelana, cuadros etc. También se hace mención de elementos de la cultura clásica, mencionando a los autores Virgilio y Aristóteles. Además de que en el texto están presentes ciertos aspectos indígenas, que se pueden considerar como una afirmación del pasado mexicano.

Recuerdos

Recuerdos del maestro

 

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Com Prosa pequeña

Comentario a "Prosa pequeña"

 

 

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La crónica “Prosa pequeña” se ha elegido por el tipo de descripciones que se leen en ella, ya que en las crónicas comúnmente se observan sobre todo descripciones de lugares o cosas, pero en esta crónica no sólo tiene este tipo de detalles, sino que hace unas excelentes descripciones de ambiente.

 

El ambiente que describe es el de una estación de tren, en la cual el autor se queda fijo observando la algarabía que forman las personas. Al escribir de una estación de tren, se hace referencia sobre todo al tópico del viaje, en el cual el escritor se maravilla y descubre todos los hermosos detalles del lugar visitado.

 

Las descripciones que siguen son más del paisaje, el cual es campestre, recurre a colores ocres, que van generando sensaciones de tristeza, a lo que también ayuda el ritmo pues es bastante lento. Dentro del texto también está este afán de mencionar lo típico del lugar, para así, al nombrarlo crear la identidad de dicho lugar; menciona  gallinas, nopales, magueyes, caballos etc.

 

Prosa pequeña

Prosa Pequeña

 

 

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Universidad Nacional Autónoma de México

Facultad de Filosofía y Letras

Colegio de Letras Hispánicas

Literatura Iberoamericana III

Profesora: Dra. Esther Martínez Luna

Adjunta: Zyanya I. López Meneses

Abril Beltran Balderas

Jesica Fernanda Ayala Mosqueda

Fernando Castillo Valdéz

Marcos Gabriel Ramiréz Fernandéz

Tzamn Xchel Miranda Cortés

 

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